Alguno que era revisionista… La figura de Allende y el revisionismo europeo

Por Isabel Vileya |

Una de las tareas de la socialdemocracia reformista europea en el momento actual, consiste en vaciar de contenido ideológico procesos y figuras, este hecho, guarda una correspondencia con la necesidad de rebajar el perfil de cualquier figura o proceso para, por agravio comparativo, ascender en la escala de indignidad en que la izquierda emergida del eurocomunismo se ha situado en los peldaños más profundos.

La táctica de agitar una falacia hasta convertirla en “opinión mayoritaria”, que dijera Goebels, queda reservada para el arco izquierdista, que todavía goza de cierta indiscutida reputación y honorabilidad como único vestigio de la legendaria honestidad comunista.

Falsear la historia es necesario para la pervivencia de los reformistas, no son revisionistas por ética, si no por estética, porque para seguir apoltronados en sus ridículos y marginales resultados electorales deben cumplir con ese objetivo del sistema de parecer un instrumento discordante y crítico, escenifican la disconformidad respetable y lo que ellos dicen tiene presunción de credibilidad, no obstante se les supone ser la opción electoral de los trabajadores dentro del sistema.

Estos enemigos de la clase trabajadora actúan con total impunidad en favor de los intereses de la burguesía, más no lo hacen torpe y bruscamente, siempre desde los altares de la ética que confiere ser dirigente de izquierdas, sueltan una proclama con cierto tacto, como una sugerencia o un aporte, la deslizan sibilinamente, bañando una aberración en su necesaria capa de crítica u opinión vertida desde el supuesto rigor y objetividad o para resumirlo mejor, desde el “sentido común”, pero eso sí, del sentido común de la clase dominante, no desde los intereses de clase.

Mauricio Acerbo, secretario general de Refundacion Comunista, es uno de estos personajes anteriormente descritos, absolutamente funcionales a los intereses de la burguesía europea que se toma la tarea de reescribir la historia, entre sus muchas atribuciones como cipayo al servicio de los intereses de los grandes burgueses.

Mauricio no tiene empacho en comparar a Salvador Allende y la Unidad Popular con Dubcek y su intento de destruir el socialismo en Checoslovaquia forzando la intervención de la URSS, claro que a Mauricio es muy fácil ponerle las orejas rojas y mandarlo al rincón de pensar, porque queda meridianamente claro que la vileza que denunciara Thomas Mann, de contraponer a Stalin con Hitler es solo propia de cínicos patológicos con trasfondo fascista, pero es que lo de Acerbo, es como para remover las bilis.

Allende cayó muerto defendiendo con la entereza de un gigante la legalidad absoluta obtenida por refrendo popular, el magnicidio de Allende no solo terminó en una feroz dictadura con miles de torturados, detenidos y desaparecidos, si no que terminó con un proceso popular que había iniciado la esperanzadora senda de la nacionalización de los sectores estratégicos, la universalización de la enseñanza y la sanidad entre otros objetivos.

La frustrada experiencia de la Unidad Popular puede ser objeto de análisis y de crítica, podría ser que el señor líder de Refundación esté acertado en señalar cierto exceso de candidez en Salvador Allende, entre otros de los errores, aunque su opinión queda invalidada por tan desproporcionada comparación.

Rebajar a Allende al nivel de Dubcek, es de un mal gusto inversamente proporcional a la catadura moral que separa a una personalidad del otro personaje.

La antítesis de Allende es Dubcek, un fantoche, golpista, infiltrado por el enemigo y precursor del “socialismo de rostro humano”, un traidor con la misión de dinamitar el socialismo. Un liquidador. Si bien el proyecto de construcción del socialismo de la URSS estaba entrando en sus peores estadios, la primavera de Praga viene a refutar la teoría de la injerencia externa, las infiltraciones, los trabajos de la inteligencia enemiga y los progresos del imperialismo dentro de la URSS.

Si todo esto es poco para detestar las opiniones de Mauricio Acerbo, basta fijarse en la propia afirmación que nos ha invitado a esta reflexión, descaradamente Acerbo, diagnostica la raíz común del fracaso de ambos “procesos” y fija su atención en la ausencia de armas, él, el representante máximo de una fuerza declaradamente “anti belicista”, el ensayo clínico de desarticulación ideológica y militar de Europa, ahora reivindica la necesidad de las armas en los procesos históricos, claro que lo hace como un brindis al sol, porque no se conoce que ningún militante ecopacifista, se quede nunca a presenciar el desenlace de proceso ninguno en el que sus vidas o integridad física se vea amenazada, pues estos perfiles son los primeros que parten prestos a regularizar y tramitar sus pasaportes y salvoconductos al menor ruido de sables, poniendo pies en polvorosa se condecoran como los intelectuales que inauguran el exilio a buen recaudo, viven una “honrosa” vejez reescribiendo y enumerando las vicisitudes de cualquier conflicto que se preste a ser narrado desde la entrañabilidad, porque la cobardía con matices se puede siempre convertir en carne de documental, a veces hasta llegar a transmutarse en sacrificio y renuncia, todo depende del nivel de eufemismo con el que se cuenta y la cantidad de hipocresía que una sociedad está dispuesta a aceptar.

Mauricio Acerbo, es un digno heredero de Togliatti y Bertinotti, conspicuo colaborador y honorable reescribidor de la historia, eso sí, de la historia que se dicta desde el poder pero con la piel de un cordero.