La dignidad de la resistencia: Matanza de Corpus Christi

Por Ernesto Guajardo |

La Operación Albania o Matanza de Corpus Christi fue un operativo de inteligencia que se inició a las 18:10 horas del día 15 de junio de 1987 y finalizó a las 5:20 del día siguiente, en Santiago. En esta acción doce militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) fueron asesinados por agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), en particular, por integrantes de la División Antisubversiva Bernardo O’Higgins.

Realizar una acción de esta envergadura era algo absolutamente necesario para la dictadura militar, particularmente, luego del intento de tiranicidio, realizado en la Cuesta Las Achupallas, cuando la caravana que trasladaba al general Augusto Pinochet fue emboscada por cuatro unidades del FPMR, en septiembre de 1986.

La operación tuvo dos requerimientos centrales: por un lado, privilegiar el asesinato de los rodriguistas por sobre su captura; por el otro, eliminar la mayor cantidad posible de oficiales o cuadros destacados del FPMR.

El primero de los caídos es Ignacio Recaredo Valenzuela Pohorecky, quien fue asesinado a 30 metros de la casa de su madre, sin posibilidad de defenderse. Era oficial del FPMR y comandó el atentado contra el general Pinochet.

Patricio Ricardo Acosta Castro fue acribillado en la calle, sin siquiera pedirle la rendición. El capitán Zúñiga le disparó a siete metros de distancia, luego de que Acosta cae arrodillado, es rematado con una ráfaga de metralleta y un disparo en la cabeza. Era instructor de una escuela de cuadros del FPMR en Santiago.

El único enfrentamiento que ocurrió, en el transcurso de esta operación de inteligencia, se dio en la calle Varas Mena, en donde existía una casa de seguridad y un centro de instrucción. Allí se encontraba una docena de combatientes del FPMR. Al momento de llegar las fuerzas represivas, Juan Waldemar Henríquez y Wilson Henríquez Gallegos asumen la contención, permitiendo que una decena de rodriguistas escapen de la casa. El primero caerá herido en la misma casa y será rematado en ella, mientras que Henríquez Gallegos será capturado en el patio de una casa vecina y fusilado en ese mismo lugar.

Casi a la misma hora, en la Villa Olímpica, un centenar de agentes y uniformados rodeó el block donde arrendaba una pieza Julio Guerra Olivares, quien había participado como fusilero en la emboscada a Pinochet. Luego de ingresar al departamento, asesinaron a Guerra con una serie de disparos a corta distancia; dos de ellos en los ojos.

La operación finalizó en una casa de la calle Pedro Donoso. Allí fueron llevados siete militantes rodriguistas que habían sido previamente detenidos. Fueron trasladados desde el cuartel de calle Borgoño, para ser asesinados. El grupo estaba compuesto por José Joaquín Valenzuela Levi, Esther Cabrera Hinojosa, Ricardo Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Manuel Valencia Calderón, Elizabeth Escobar Mondaca y Patricia Quiroz Nilo. Los vecinos testimoniaron que todos los detenidos fueron introducidos a la casa con los pies descalzos, con los brazos atados detrás de la espalda y con la vista vendada. Una vez dentro de ella, todos fueron fusilados, mientras los agentes y uniformados que estaban en la calle disparaban al aire, para simular un enfrentamiento.

La operación pretendía ser demoledora, pero, inmediatamente, ya hacia el mediodía del 17 de junio, en algunas universidades los estudiantes salieron a rechazar estos asesinatos; lo mismo ocurriría en horas de la noche en algunas poblaciones. A partir de entonces, sobre estos hechos no solo se ha desarrollado un extenso proceso judicial que ha terminado de esclarecerlos, también se han escritos decenas de poemas, varios libros, pinturas e incluso algunas tesis universitarias, que han buscado preservar los nombres, los rostros, los pensamientos y acciones de estos doce jóvenes patriotas que, colocados en un trance histórico, como dijera Salvador Allende en su último discurso, no dudaron en honrar las palabras que el FPMR le dirigió al pueblo de Chile en su primer manifiesto, el año 1983: “Sólo la lucha heroica, combativa y permanente de todo el pueblo nos liberará de la tiranía”.

A la generación de combatientes que aún sigue vigente y  a los nuevos hijos del pueblo que se han ido incorporando a esta lucha, nos queda el deber de recoger las banderas de nuestros héroes y continuar la marcha con la frente en alto, con profesionalismo y con entrega total, por la reconstrucción de Chile sobre cimientos de dignidad, soberanía y justicia social.