El imperialismo norteamericano no podrá con Venezuela

Por Pablo Letelier |

Hace un tiempo, específicamente el 7 de agosto de 2017, el académico y líder del movimiento independentista de Puerto Rico Julio Muriente Pérez entregó a los pueblos en lucha del continente y del mundo una gran verdad. Y a pesar de que esa verdad sea más o menos obvia, los revolucionarios no debemos cansarnos de repetirla.

Muriente se preguntaba el por qué de la ira del imperialismo norteamericano contra Venezuela, y respondía afirmando que lo que la desataba es de una profundidad mucho mayor que el interés por el petróleo, a pesar de ser una de las causas indiscutibles, a razón del telón de fondo de la decadencia de la hegemonía económica, militar y política de Estados Unidos a escala global.

Sin embargo, para el líder independendista, la causa principal se encontraba en el hecho de que la Revolución Bolivariana fue uno de los primeros procesos que fisuró de manera profunda el relato que el imperialismo norteamericano había construido desde la caída de la Unión Soviética: la idea del “fin de la historia”, es decir, la concepción de que luego del fin de la Guerra Fría Estados Unidos gobernaría el mundo de manera unilateral, sin tener que enfrentarse a ningún tipo de contrapeso, y mucho menos al peligro que le suponen las revoluciones socialistas.

En esa línea, justo en el momento del auge del triunfalismo norteamericano, el comandante Hugo Chávez Frías emergió desde la entraña popular no sólo dando cuenta del derrotero multipolar del mundo (a la manera de China, Irán y la Rusia de Putin), sino que reponiendo la continuidad histórica del germen -supuestamente extirpado, en ese entonces- de la Revolución Social.

Es decir, justo en medio de la carcajada victoriosa y orgiástica del imperialismo norteamericano, los fantasmas de Marx, Lenin, Sandino y Guevara escapaban del sepulcro y volvían a encontrar sus cuerpos, dando, además, una fuerza inmensa a los porfiados revolucionarios que habían quedado en pie  luego de la derrota.

Hoy día, 23 de Febrero de 2019, en medio de la intentona intervencionista contra Venezuela fachada de “Concierto humanitario”, los revolucionarios de Chile, América Latina y el mundo hemos sacado numerosas lecciones. No sólo hemos tenido el privilegio histórico de observar una revolución social en marcha, sino que también hemos comprendido que el servilismo proimperialista de la mayoría de nuestros Gobiernos ante la afrenta contra la Soberanía Nacional de Venezuela demuestra el carácter Neo-Colonial de nuestros Estados, la inexistencia de nuestra propia Soberanía. Y además, han caído las caretas, dejando a la luz qué representantes políticos y culturales luchan por la Soberanía Nacional, y cuáles derechamente son parte protagonista de la agenda neocolonialista. De una manera simple, los sucesos venezolanos nos han presentado desnudos a quiénes son los aliados y los enemigos de la conquista de nuestra propia Soberanía, nuestra propia Independencia y al fin, de la construcción del socialismo en nuestros propios países.

Por todo esto debemos comprender y repetir sin cansarnos las palabras del líder de la Independencia de Puerto Rico: pase lo que pase con Venezuela, el imperialismo norteamericano no podrá derrotarla, el germen de la Revolución Social ya ha sido extendido a escala global, y a cada golpe del enemigo, adquiere más profundidad y madurez. A cada momento que pasa, más fantasmas de los líderes revolucionarios y de sus pueblos dejan su vagancia errática, se sacuden del olvido, y pasan a engrosar el torrente de las venas de cientos de revolucionarios que vuelven a gritar:
¡ Arriba los pobres del Mundo!